La órbita ocular es la cavidad ósea que aloja y protege el globo ocular, además de contener los músculos extraoculares, vasos sanguíneos, nervios, grasa y glándulas (como la glándula cigomática o la glándula lagrimal). Cuando algo falla en este espacio, el ojo suele verse desplazado debido al espacio limitado de la cavidad.
A continuación, analizamos las principales patologías orbitarias y cómo se abordan en la clínica.
1. Celulitis y Abscesos Orbitarios (Procesos Inflamatorios/Infecciosos)
Es una de las afecciones orbitarias más comunes en pequeños animales. Consiste en una inflamación severa (celulitis) o una acumulación de líquido purulento (absceso) en el espacio retrobulbar (detrás del ojo). Suele estar causada por la migración de cuerpos extraños (como espigas), infecciones de las raíces dentales superiores (especialmente del cuarto premolar) o por la extensión de una inflamación de estructuras cercanas, como la sialoadenitis cigomática (inflamación de la glándula salival localizada en la órbita).
Signos clínicos: provoca un exoftalmos (desplazamiento del ojo hacia fuera) de aparición muy aguda (rápida). Es característico que el animal muestre un dolor intenso al intentar abrir la boca o al realizar la retropulsión ocular (presionar suavemente el ojo hacia el interior de la órbita).
El abordaje puede ser conservador (tratamiento médico) o invasivo (quirúrgico), según la historia clínica, hallazgos y sintomatología del paciente.
2. Neoplasias Orbitarias (Tumores)
La aparición de tumores en la órbita es relativamente frecuente en animales de edad avanzada. La mayoría de estas neoplasias suelen ser malignas (sarcomas, carcinomas o meningiomas) y puede ser de carácter primario o secundario (metástasis).
Signos clínicos: a diferencia de los abscesos, el exoftalmos suele ser de progresión lenta y crónica. Inicialmente, no suele cursar con dolor evidente al abrir la boca ni signos inflamatorios locales tan marcados, aunque la retropulsión del ojo disminuye a medida que la masa ocupa el espacio.
Su abordaje depende de la naturaleza del tumor, su extensión y el pronóstico general del paciente. Si el ojo no es visual y el tumor está localizado, la cirugía (exenteración: extirpar el globo ocular y el tejido orbitario) puede ser, en algunos casos, curativa. En pacientes que presenten metástasis este tipo de intervención es paliativa.
En pacientes en los que el ojo es visual, se valora la opción de realizar radioterapia y/o quimioterapia, con el fin de reducir o frenar la progresión del tumor.
3. Quistes Orbitarios y Sialoceles Cigomáticos
Se trata de acumulaciones de fluido dentro de la órbita. El más habitual es el sialocele cigomático, que ocurre cuando la saliva se filtra fuera de la glándula salival cigomática o de sus conductos debido a un trauma o una obstrucción, generando una masa fluctuante que presiona el ojo.
Signos clínicos: provoca un exoftalmos no doloroso o poco doloroso, que puede fluctuar levemente de tamaño. A veces se puede apreciar un abombamiento en la mucosa oral detrás de los molares superiores.
El tratamiento de elección es quirúrgico y consiste en la extirpación completa de la glándula salival cigomática afectada (cigomatectomía) para evitar que la saliva vuelva a acumularse en el espacio retrobulbar. En algunos pacientes se realiza drenaje del contenido, sin embargo esta técnica no suele ser resolutiva, ya que suele recidivar.